domingo, 1 de mayo de 2011

Miradas

Una de las cosas que me encantan del transporte público son los encuentros casuales. Y no me refiero a cuando te encuentras con un conocido; sino cuando te topas con una persona desconocida. En especial si hay contacto visual. Esas ocasiones en las que se establece una auténtica guerra de miradas.

Acabas de entrar al vagón del metro o al bus (que no está muy lleno), te sientas en el primer o segundo sitio libre que ves con toda rapidez y, tras mirarte a ti mismo, decides echar un vistazo al resto de pasajeros. Casualmente una chica en ese momento te estaba mirando. Ambos desviáis la mirada con rapidez. Tras unos segundos empiezas a mirarla con el rabillo del ojo y piensas: la chica no esta nada mal. Apartas la mirada como disimulando y vuelves a observarla, esta vez sin esconderte tanto, creyendo que el peligro de otro encuentro de miradas ha pasado.
Nada más lejos de la realidad: tus ojos se cruzan con los suyos y, de nuevo, ambas miradas divergen, si acaso esta vez estás más nervioso. Tras este segundo asalto piensas: me encantaría conocer a esa chica, ¿qué clase de persona será?, parece bastante maja.
Mientras tanto se suceden momentos de espionaje por el rabillo del ojo y algún que otro choque entre vuestras miradas, seguido de un instantáneo momento de sonrojo. Pasado un tiempo indefinido o tú o ella os tenéis que bajar, seguramente para no volver a veros el resto de vuestras vidas.
Y sin embargo durante un breve tiempo ella ha sido el centro absoluto de tus pensamientos (y me atrevería a decir que para ella ha sido igual); y sin haberos dirigido ni una sola palabra, sin tan siquiera conoceros: el poder de la mirada.

¿Y qué queda después de eso?, ¿que queda tras toda esa adrenalina, tras esos pensamientos fugaces, tras las miradas? Desde fuera no parece haber ocurrido nada, pero cuando uno lo experimenta, es una vivencia única y especial, que de deja feliz, pero con un sabor amargo en los labios, al saber que nunca te volverás a encontrarte con esa persona; aunque el mero hecho de que te des cuenta de que existe realmente alguien (quién sea) más allá de ti y con quien momentáneamente has “conectado”, es bastante como para que no se te borre la sonrisa durante el resto del día.

Gracias 


Gaces

One of the things I love of public transport are casual encounters. And I do not mean when you meet an acquaintance, but when you meet a stranger. Especially if there is eye contact. Those occasions when is established a genuine war of gazes.

Just entered the subway car or bus (which is not very full), you sit in the first or second free site you see very quickly and, after looking at yourself, you decide to take a look at other passengers. Coincidentally, a girl at that time was watching at you. You both  divert your eyes quickly. After a few seconds you start to look at her with the corner of your eye and you think: that girl is not bad. You look away like hiding and then you return to watch, this time without hiding, believing that the danger of another meeting of glances is over.
Nothing further far from reality: your eyes meet theirs, and again, both eyes diverge, may be this time you're more nervous. After this second assault you think: would great to meet that girl, what kind of person shall be?, she seems quite nice.
Meanwhile, moments of spying with the corner of the eye, and occasional clashes between your eyes, followed by instantaneous moments of embarrassment. After an indefinite time you or her have to get off , and probably you will never see you again for the rest of your lives.
For a short time she has been the absolute center of your thoughts (and I dare to say that for her has been the same) and all without having said a single word, without even have met: is the power of the eye.

And what remains after that?, what remains after all the adrenaline, after those fleeting thoughts, behind the eyes? From the outside nothing seems to have happened, but when you experience it, is a unique and special living, that leaves happy, but with a bitter taste in the deep of your mouth, knowing you'll never see that person again , although the mere fact that you realize that there is someone (whoever she was) beyond you, and with who you have temporarily "connected" is enough to do not let anything to erase the smile of your face for the rest of the day.

Thanks

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