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lunes, 28 de julio de 2014

El lado oscuro de la química

Tras leer el libro "A higher form of killing" decidí escribir un post sobre la guerra química. El texto y las fotos quedaron tan bien que me pareció cutre ponerlo en blogger, así que opté por usar Medium, que es estéticamente más bonito.

Aquí os dejo el enlace, a ver que os parece.

https://medium.com/@AdrianIzdo/in-no-future-war-will-the-military-be-able-to-ignore-poison-gas-it-is-a-higher-form-of-killing-ea43c18a0b62


He hecho esta entrada en blogger porque en Medium no se pueden dejar comentarios, así que si alguien tiene algo que decir, que lo diga aquí.

Actualización.

Esta entrada participa en la XXXIX edición del Carnaval de Química, con sede en el excelente blog http://www.gominolasdepetroleo.com

Aquí el link al resto de participaciones de esta edición: http://www.gominolasdepetroleo.com/2014/09/contribuciones-al-xxxix-carnaval-de.html

viernes, 22 de junio de 2012

Aquellos Dibujos


Muchas veces en las conversaciones con amigos y conocidos suele ocurrir un hecho curioso, y es que, a veces según avanza la conversación, vamos retrocediendo en el tiempo. Me refiero a que empezamos hablando de los recortes, la inversión en I+D o algún video chorra de youtube y acabamos no sé como contando las más tiernas (o graciosas) anécdotas de nuestra infancia. Y hay un tema que es recurrente en nosotros (los hijos de la tele, en mayor o menor medida), y son los dibujos animados.


Yo muchas veces critico eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor (en la línea de  Midnight in Paris, de Woody Allen); pero hay algo que me fuerza hacer una excepción en cuanto a la animación televisiva para los niños. Ahora mismo los niños tienen a su disposición el Disney Channel, Clan TV y algunos espacios en vacaciones o los fines de semana por la mañana en Antena 3 (si no recuerdo mal) y algunos canales más si tienen TV por cable. Tengo una hermana pequeña, o sea que de vez en cuando veo o he visto lo que echan en esos canales y tenía un ligero presentimiento de que algo iba terriblemente mal, que algo no encajaba. Para cerciorarme decidí mirar la programación infantil de los susodichos canales. Cada lento giro de la ruleta del ratón me provocaba escalofríos, confirmando cada vez más lo que había intuido… ¡no hay nada que pueda considerarse cultural o divulgativo! 

Supongo que os preguntareis que a cuento de qué viene tanta indignación, total sólo son dibujos animados. Bueno pues os diré que bastante gente (yo, por ejemplo) se comenzó a interesar por la ciencia a raíz de ver aquellas míticas producciones: “Érase una vez…” en las que podías sumergirte en la historia de la humanidad y de la ciencia, además de aprender cómo funcionaba en cuerpo humano. Presentaba de un modo tremendamente comprensible cosas como la evolución, los anticuerpos, el número pi… Ahora solo la encontramos en los coleccionables de los kioscos y a veces ni eso.


Pero había mucho más. Por ejemplo aquella serie española que tuvo éxito durante bastante tiempo, “Las tres mellizas”, en ella te presentaban obras y personajes esenciales de la cultura, como Mozart, Romeo y Julieta, Leonardo da Vinci, etc. Tenía un planteamiento muy original y seguro que muchos de nosotros aprendimos bastante con ella o nos indujo quizás a leer los libros, o conocer las historias originales.
Había otra serie creada como conmemoración de los 500 años del descubrimiento de América por Colón, que se llamaba “Las mil y una Américas” en las que un chaval y su perro eran transportados en el tiempo para visitar las diferentes culturas de todo el continente americano, desde los indios Clovix, hasta la cultura Nazca, pasando por Mochicas y tribus del Amazonas. Por cierto, me encantaba su opening y que no sea una serie muy “occidentalocéntrica”. Sin duda, esta serie hizo que me interesase enormemente por la antropología y la arqueología (si miran los creditos veran colaboraciones del CSIC y asesores antropólogos de la UCM).


Y cómo olvidar aquellas que estaban basadas en novelas (con mayor o menor fidelidad) y que nos abrieron la puerta a desear leer los libros de los que hablaban. Como aquellas míticas series basadas en “La vuelta al mundo en 80 días”, “Viaje al centro de la Tierra” y “20.000 leguas de viaje submarino”, que aunque estaban todas protagonizadas por Willy Fog, nos introducían al mundo de viajes e inventos increíbles de Julio Verne. O también la serie de dibujos animados sobre Sandokán, que a mí me impulsó a leer ese y otros libros de Emilio Salgari.


Por no hablar de muchas series más me dejo en el tintero.
Y aunque en aquella época también había muchas otras series que no tenían mucho que ver con la cultura (y que recordamos con igual ternura, pues claro, son las de nuestra infancia), estos dibujos animados “educativos” recuerdo que se emitían con relativa frecuencia en la 2 o en la 1 de TVE por ejemplo.
Y sin embargo actualmente parece que no hay ninguna serie infantil que esté a la altura. Es algo que para mí es triste. Ahora lo que triunfa parece ser el entretenimiento vacío. 

 

En serio, a veces pone mi hermana el Disney Channel y veo esas series protagonizadas por pre-adolescentes y no aportan nada de nada. En todo el espectro de emisión de programas infantiles no he visto ahora que haya nada que tenga el más mínimo interés cultural. Y no es que quiera ahora imponer mis series favoritas, o que esté en contra de los dibujos actuales, pero me parece que a la televisión infantil/juvenil le falta algo. 


Por ejemplo, ¿por qué no hacer una versión revisada y actualizada de “erase una vez…”? ¿Y una serie sobre los principales artistas de la historia y sus obras, al estilo “erase una vez los inventores”? ¿O sobre las diferentes culturas de África o Asia? ¿Qué me dicen de una historia de la vida en la Tierra? O yo que sé, la cultura y la ciencia son ámbitos apasionantes, se podrían hacer series de miles de cosas. Pero supongo que es más sencillo contratar a algún guionista de comedias baratas y a cuatro chavales con unos decorados de pena; que a un equipo de dibujantes, pedagogos y asesores expertos en la materia.
Esto que escribo quiero que sea también una llamada de auxilio. Por favor, cadenas de televisión infantiles o productoras ¿podrían financiar alguna serie con algún contenido cultural mínimo? Ya sé que el humor y el entretenimiento vacío venden mucho. Pero al final vamos a acabar con una generación cuyo referente será ser ídolo del pop juvenil, hacer el indio en un hotel/crucero, comprarse un Mac falso con logo de pera y vivir haciendo hamburguesas bajo el mar. 

jueves, 2 de febrero de 2012

Héroe


Hace algún tiempo vivió un personaje sin duda peculiar. Por comodidad y respeto a su identidad le llamaremos señor S. Peculiar, porque poseía dos inmensos poderes que se complementaban. El primero y más extraño era su increíble capacidad para prever y prevenir accidentes de tráfico. Suena extraño, pero en su presencia los choques, atropellos o colisiones no ocurrían. Por ejemplo era posible que en un momento determinado un coche estuviese moviéndose a gran velocidad y a escasos metros de un peatón, en rumbo de colisión, pero si nuestro amigo estaba presente ocurrían cosas inexplicables para la física clásica: el coche podía detenerse en seco justo antes de atropellar a peatón o bien el propio viandante era empujado fuera de la trayectoria del coche sin que nadie le tocase. Su segundo don es más bien convencional, la ubiquidad: el señor S podía personarse en cualquier lugar del mundo en cualquier momento con un poco de concentración.

Cuando era joven todo el mundo atribuía estos poderes a la casualidad, pero pronto la evidencia fue tan abrumadora que ni siquiera los más acérrimos defensores de la física convencional pudieron negar la evidencia de sus poderes. Pronto el señor S comenzó a utilizar sus dones para salvar innumerables vidas. Fue tal su esfuerzo que en pocos días la reducción en las tasas de accidentes de tráfico locales era patente. Y como podía moverse alrededor del globo, todo el mundo comenzó a disfrutar de sus altruistas servicios. En pocos meses dominó totalmente sus poderes: cada vez sentía más claramente donde iba a tener lugar el siguiente accidente de tráfico y el tiempo que necesitaba para teleportarse era cada vez menor. Llegó eventualmente un momento en el que el número de accidentes de tráfico cayó a cero, en todo el mundo.

Fue un momento feliz. Los conductores iban tan tranquilos como siempre, pero con la seguridad de que nunca les pasaría nada. En miles de ciudades se levantaron estatuas en honor al señor S, reconociendo su extraordinaria labor, aunque con un número de coches cada vez mayor se le veía poco. De hecho si uno tenía suerte apenas podía verle un par de segundos antes de que se teleportase a otra ubicación para salvar otra vida.

Pasaron varios años sin que la situación cambiase y la gente empezó a dar al señor S por supuesto, como algo inamovible; una especie de ley de la naturaleza. Miles de conferencias fueron impartidas por prestigiosos físicos tratando de elucidar el misterio, cientos de aparatos colocados para medir campos y fuerzas en lugares donde ocurrían los accidentes. Los científicos ya casi se habían dado por vencidos. Intentaron que el señor S dejara su oficio por un tiempo, a fin de examinarle; pero ningún gobierno u organización les apoyó sabiendo que les inculparían directamente de cualquier muerte por accidentes de tráfico  que se produjese en ese tiempo. 

Pasados más de 10 años desde el inicio de esta etapa dorada, el señor S anunció que iba a aparecer por primera vez en televisión, para dar un comunicado. Miles de periodistas solicitaron cubrir el evento, cadenas de todo el mundo pagaron sumas astronómicas por tenerle en pantalla. La expectación era máxima, ¿habría decidido desvelar el origen de sus poderes, o como actuaban? ¿Quizás anunciaba que se casaba? ¿O querría unas vacaciones pagadas por el estado? Los rumores volaban. Las revistas de cotilleos rastrearon cada centímetro cuadrado en busca de la supuesta novia del héroe; los periódicos serios analizaron las consecuencias de unas vacaciones del señor S y las declaraciones de tal o cual político sobre el tema, mientras las revistas científicas se apresuraban a publicar las últimas investigaciones con respecto a sus poderes. 

Cuando apareció en las pantallas de todo el mundo, nadie pudo reconocerlo. No se parecía en nada al joven muchacho que reflejaban las estatuas de bronce de los parques y plazas o a las fotografías de los libros de historia. Su piel era grisácea, arrugada y retraída, tal que se le veían los dientes aunque cerrase la boca. Bajo sus ojos le colgaban unas manchas de color berenjena fruto del inmenso cansancio. Las orejas estaban flácidas y su cabellera había quedado reducida a cuatro pelajos mal puestos y muchas manchas oscuras adornando su amplia calva. Su cuerpo entero estaba esquelético, podías contarle las costillas sin equivocarte por encima de la camiseta, arrugada y enmohecida; más que un héroe parecía un anciano recién salido de un campo de concentración o de una hambruna africana. Comenzó a hablar con voz temblorosa y rasposa, casi como si de una vieja y dura esponja parlante se tratara. Comunicó brevemente que no iba a seguir con su labor, que ya no tenía fuerzas para ello y que lo lamentaba mucho. Tras este breve comunicado, el señor S se personó en su casa, que hacía años no pisaba, y se cayó en su polvorienta cama, dispuesto a dormir por todos los años de servicio en los que no había podido hacerlo.

Aparentemente no cambió nada. Los conductores se dijeron a sí mismos: “Está bien, solo necesito tener un poco más de precaución”, mientras los peatones pensaban “No pasa nada, miraré antes de cruzar e iré con cuidado y no me pasará nada”. Los políticos trataron de mantener la calma anunciando reformas en los códigos de circulación que evitarían cualquier accidente. Pero ya mientras el discurso del señor S era emitido ocurría el primer accidente de tráfico en años, en una carretera suiza, y cundió el pánico. El sol de la seguridad vial absoluta se había puesto. Una semana después ya había más de diez mil muertos en accidentes de tráfico.

Las televisiones volvían a emitir esas imágenes de décadas atrás en las que se veían restos humeantes de coches con cadáveres entre sus hierros, como macabros pájaros granates en sus jaulas, y de manchas de sangre bañando el asfalto de las carreteras, y una vez más comenzaron a verse las caras rojas y llorosas de los familiares de las víctimas. Los reporteros cubrían estos episodios como si de una guerra se tratase y así reaccionaba el público. Nadie sabía quién iba a ser el siguiente, cada viaje era una oportunidad de ganar la macabra lotería de la insensatez humana y la casualidad.

No pasó mucho tiempo antes de que fuera hallado el cadáver del señor S brutalmente asesinado en su casa, en la cama de la que no se había levantado desde que dejase su vocación. Los autores, familiares de víctimas de los nuevos accidentes de tráfico fueron rápidamente exonerados por su estado de shock mental. Las estatuas en su honor fueron fundidas o destruidas en ataques de furia popular, ninguna quedó en pie.

Incluso cuando tras unos meses los conductores recuperaron su antigua prudencia y las tasas de accidentes volvieron a niveles de antes de la aparición del señor S, la actitud era diferente, el peligro era presente. Las madres se despedían de sus hijos, las mujeres de sus maridos y las novias de sus novios, como si no se fueran a ver nunca más; rememorando antiguas escenas en las que se ve partir un convoy de soldados de una ciudad, con sus seres queridos sumidos en la ignorancia sobre la respuesta a una sencilla pregunta “¿le/la volveré a ver?”. Muchas personas no aguantaron el stress o el shock y los gastos sanitarios aumentaron enormemente por el incremento de consultas a psicólogos, lo que estuvo cerca de colapsar los sistemas sanitarios de algunos países y provocó el aumento de beneficios de empresas farmacéuticas dedicadas a producir tranquilizantes a escala industrial, pero no bastaron para perder la angustia por el derrumbe de un mundo, antaño seguro.

Pronto la gente comenzó a movilizarse. En muchos países se promovieron leyes que prohibían expresamente la entrada de niños en automóviles. Las ventas de coches cayeron. La demanda de transportes públicos fue tal, que se emprendieron enormes obras para multiplicar la capacidad de los sistemas de ferrocarril, tranvía o metro; además de extender la red de transportes a todos los rincones a los que antes se podía acceder en coche. Casi todas las empresas automovilísticas quebraron, excepto aquellas que trabajaban en la construcción y diseño de transportes colectivos, cada día más seguros. Pronto se implementaron las vías de taxi-buses robotizados o automóviles de alquiler público, robotizados, guiados por radar y GPS; tan infalibles como antaño lo fue el señor S en evitar accidentes de tráfico. 

Pasado un tiempo los accidentes de tráfico mundiales volvieron a caer a casi cero. Se había abierto otra época dorada, esta vez, de una duración más prolongada.

Un día en una ciudad apartada se erigió una nueva estatua al señor S. Esta vez le mostraba tal y como se le vio por última vez. En la placa rezaba “Él nos enseñó a valorar la vida humana por encima de la cotidianeidad de la muerte”.

Espero que os haya gustado.
Gracias.

martes, 10 de mayo de 2011

Antisocial


Se sentó junto al sauce, que crecía entre las losas que cubrían el suelo, y comenzó a juguetear con las ramitas de un matorral. Sus padres habían dicho que era un antisocial, no entraba a saludar a todo el mundo, ni hacía las típicas preguntas de “¿hace calor, eh?” o “¿Vaya tiempo que hace?”. Cuando iba en el coche no hablaba demasiado, se centraba en mirar por la ventana: giraba el cuello hacia un lado y observaba el cielo, siempre al cielo: cambiante, azul y en constante movimiento. Por las noches buscaba la luna y la miraba muy fijamente a través de su velo azulado de nubes. De vez en cuando le preguntaban “¿Qué te pasa? que estás tan callado”, lo que le sacaba de sus arremolinados pensamientos por unos instantes para contestar invariablemente “nada” y encogerse de hombros, tras lo cual volvía a sumergirse en la maraña de sus ideas mientras observaba la carretera pasar.

En ese instante, bajo el sauce, reflexionaba sobre aquello. ¿Antisocial implica huraño? Que a uno no le guste el hablar por hablar o andar constantemente rodeado de un montón de gente con la que no conectas o las grandes reuniones sociales que juntan a la familia lejana (gente que no verá hasta dentro de lustros) por algún pretexto trivial (léase boda, comunión, bautizo…); todo ello ¿implica una mala relación con los demás?
Que te guste estar de cuando en cuando a solas contigo mismo para poder mirarte al espejo y verte un rato ¿quiere decir que no te gusta la compañía de los demás?

Evidentemente, no. A él le gusta ir de fiesta con sus amigos, conocer gente nueva y hablar sobre diversos temas, desde Nietzsche, hasta cuántas zarigüeyas caben en un paraguas, pasando por el último disco de Fightstar. No tiene ningún problema en las quedadas para hablar con todo el mundo y comportarse amigablemente. No se crea enemigos. No es un solitario, aunque en ocasiones busque la entrañable compañía de la soledad. Sencillamente desprecia la superficialidad en las relaciones con las personas.

En el cielo azul se retuercen las nubes, movidas por el viento; el mismo viento que mueve las ramas del sauce que acarician su cabeza erráticamente. El campus se extiende a sus pies, como una alfombra de edificios y paradas de autobús, salpicada por diminutos bosquecillos de pinos. El calor convierte el asfalto en un espejo negro en el que los objetos y las personas aparecen retorcidos y distorsionados; pero el cielo es inmune y se refleja exactamente como es, vibrante, constantemente cambiante y azul, azul, azul.

Mira el reloj; es hora de levantarse y seguir adelante.


Unsocial

He sat next to the willow which grew between slabs that covered the floor and began to tinker with the twigs of a bush. Her parents had said he was an antisocial, did not come to greet everyone, nor did the usual questions of "What hot weather, huh?" or "Wow weather doing?". When he was in the car did not talk much, focused on looking out the window, turned his neck to one side and watched the sky, always the sky, changing and constantly moving blue. At night the moon was looking very intently and looked through her ​​blue veil of clouds. Occasionally he was asked "What's wrong? you're so quiet "what took out their thoughts swirling for a few moments to answer invariably" no "and a shrug, after which they returned to dive into the tangle of his ideas as he watched the road pass.

At that moment, beneath the willow, he reflected on that. "Antisocial involves intractable? That one does not like the loose talk or go constantly surrounded by a lot of people that do not connect or large social gatherings that bring together the extended family (people you do not get to within decades) for some trivial pretext ( wedding, communion, baptism ...), all it, does it imply a poor relationship with others?
That you like to be, from time to time, alone with yourself to look yourself in the mirror does mean that you do not like the company of others?

Obviously not. He likes to party with friends, to meet new people and talk about various topics from Nietzsche, to how many possums fit in umbrella, through the last album Fightstar. He has no problem to talk with everyone and act friendly. Does not create enemies. He is not a loner, but occasionally seek the intimate company of solitude. He simply rejects the superficiality in relationships with people.

In the blue sky clouds twist, moved by the wind, the same wind that moves the willow branches that caress his head erratically. The campus extends to his feet like a carpet of buildings and bus stops, dotted with tiny groves of pines. The heat turns the asphalt into a black mirror in which objects and people appear warped and distorted, but the sky is immune and is reflected exactly as it is: vibrant, constantly changing and blue, blue, blue.

Look at the clock, it's time to get up and move on.

sábado, 16 de octubre de 2010

Barón

"Vaya, que disfraz de Halloween mas original" dijeron sus amigos al verle.
Iba ataviado con un elegante traje blanco, que parecía sacado de la Inglaterra victoriana. Llevaba, además un sombrero de copa a juego con el traje, y un bastón de paseo. Pero lo más llamativo era su cara, dividida en dos parte iguales, una de ellas totalmente blanca y la otra tan negra que se confundía con la oscuridad reinante.

"Por esta noche soy el Barón Gilbert von Risktofen, llamadme Barón"

Sus amigos rieron, sin saber si tomárselo a broma o no; pero este desconcierto inicial pasó rápidamente, y encontraron que Barón era mucho más animado de que la persona que vestía el traje. La noche empezó bien, fueron a diferentes fiestas por toda la ciudad. En todas ellas Barón llamaba la atención por su original traje, pero cayó bien a todo el mundo. Incluso ella, que le conocía desde hacía bastante tiempo empezaba a mirar a Barón con otros ojos. Tras una noche estupenda empezaron a marcharse todos a sus casas.

Puesto que ella vivía lejos, le pidió a Barón que la acompañara hasta su casa. A medio camino apareció un desgraciado con una navaja, y la intención de conseguir algún dinero para poder drogarse. Al amenazarles con la navaja, ella movió su mano con intención de sacar su cartera, pero Barón se puso delante y golpeando al desgraciado con el bastón le quitó la navaja de las manos. Una vez desarmado, este salió huyendo.

Ella totalmente sorprendida, preguntó:
-¿Qué te ha pasado esta noche? ninguno te reconocemos, siempre que hemos salido de fiesta contigo estabas como apagado, solitario, introvertido e incluso un tanto arisco. Sin embargo hoy has sido todo lo contrario, y sin haber bebido apenas; incluso te has enfrentado a ese yonki...
-Ya os dije, que por esta noche soy Barón. Mañana todo volverá a ser como ayer...
-Pero ¿por qué? No quiero que vuelvas a ser como antes, Barón, te quiero...
-No lo entiendes. Yo soy una faceta de la persona que es dueña de este cuerpo. Durante una noche al año consigo reprimir a las otras emociones, recuerdos y pensamientos; creando la personalidad de Barón. He reprimido a la timidez, al egoísmo y a su naturaleza arisca, pero no puedo reprimirlas eternamente, no sería justo para ellas tampoco.
-Entonces que voy ha hacer, quiero volver a verte
-Me temo que para estar con Barón otra vez deberás esperar un año.
-Yo... te quiero.

Y a la luz de las desvencijadas farolas de la ciudad se besaron con lágrimas en los ojos. Luego llegó el amanecer y Barón tuvo que irse, hasta el año siguiente.